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The Fake Profecy: Capitulo 6

Yoeru, Emera, Sutefanī y Aine aún estaban en el refugio, esperando a Hei Samu.

-Emera: Aine-sama.

-Aine: ¿Qué?

-Yoeru: No veo razón para que utilices ese honorífico con ella.

-Aine: ¡Hay razones para que lo haga!

-Yoeru: Dímelas.

-Aine: Esto... pues yo...

-Emera: Aine-sama ¿Usted pertenece a un... grupo con Yoeru-kun y Ken'u~ei-sama? ¿O algo así?

-Aine: Sí, somos parte de la Orden Roja.

-Emera: M- me había parecido escuchar ese nombre antes, de unos guardias.

-Aine: La Orden Roja fue fundada por el Maestro Ken'u~ei, hace un par de años. Y desde entonces se ha expandido.

-Emera: De los guardias escuché que la Orden Roja tuvo que ver con la corta duración de la Guerra de la Mala Sangre.

-Aine: Sí. El mismo Rey Umēruf-iara, en persona, pidió ayuda al Maestro Ken'u~ei. Él accedió, vio una oportunidad para la Orden.

-Emera: Escuché que la Guerra de la Mala Sangre fue iniciada luego de que la mitad del ejercito del Rey Umēruf-iara se alió al Rey Makushimirian Snedurp del Reino de Ufureukād.

-Aine: Se lo merecía, no fue un... buen gobernante para el Reino de Ukō. Bueno, el Maestro Ken'u~ei entró al Reino de Ufureukād, se infiltró entre las filas del ejército del Rey Makushimirian, fue a por los generales y los... convenció para ponerse en contra del Rey. Unos tres días después, tenía a la mitad del pueblo y gran parte del ejército a su disposición. El Rey Makushimirian se vio obligado a encerrarse en su castillo y el Maestro Ken'u~ei aprovechó la conmoción orquestada por el pueblo para entrar al castillo y asesinar al Rey.

Poco después, los desertores del Reino de Ukō se rindieron. Esos orcos fueron entregados al Rey Umēruf-iara y él los decapitó a todos. Gracias a la intervención del Maestro Ken'u~ei se evitaron muertes innecesarias y la Orden Roja obtuvo nuevos miembros en el Reino de Ufureukād, y en el Reino de Ukō. Aunque, en el Reino de Ufureukād, nuestra-

-Yoeru: Ya es suficiente.

-Aine: ¿Qué? Ya muchos especulan que la Orden Roja tiene una gran influencia en el Reino de Ufureukād.

-Hei Samu: ¿De qué están hablando?

-Aine: ¡Ma- Ma- Maestro Ken'u~ei! ¿Cuándo entró?

-Hei Samu: Hace un momento. Bueno, hablemos del plan de mañana. Aine, Maestro Ferunandesu.

-Aine: Sí, Maestro.

-Yoeru: Sí, Maestro.

Hei Samu fue con Yoeru y Aine a otra habitación, a la cual no se permitió que entraran Emera y Sutefanī.

-Hei Samu: Debemos rescatar al hermano del Maestro Anuar. Como ya deber saber, el Maestro Anuar está librando una guerra por su raza, y requiere de la ayuda de su hermano para seguir.

-Aine: ¿En dónde está su hermano?

-Hei Samu: Está cautivo, por uno de los más grandes esclavistas del Reino de Ufureonirom.

-Yoeru: ¿Ese esclavista está aquí?

-Hei Samu: No está muy lejos de aquí, tiene una plantación de algodón. Lleva una docena de esclavos a esa plantación, entre esos esclavos se encuentra el hermano de Anuar.

-Aine: Esto es muy fácil, no hay que planear mucho, solo debemos asaltar la-

-Hei Samu: No será fácil. Ese esclavista utiliza un artefacto mágico que forma campos de fuerza que protegen sus caravanas, sus propiedades y a él mismo, mientras tenga... eso, no lograremos rescatar al hermano del Maestro Anuar.

-Yoeru: ¿Cómo nos encargaremos de esos campos de fuerza?

-Hei Samu: Mis espías dicen que solo hay una manera de apagarlos. Su hermano tiene un pergamino, debemos quitárselo y utilizarlo para apagar los campos de fuerza.

-Aine: ¿Su hermano no tendrá también un campo de fuerza que lo proteja?

-Hei Samu: Lo tiene, pero no le gustan los campos de fuerza. Cuando apague su campo de fuerza, lo asesinaras, Aine.

-Aine: De acuerdo ¿A dónde debo ir?

-Hei Samu: Está en esta ciudad. Mañana en el mediodía ve a buscarlo, asesínalo y quítale el pergamino. No dejes testigos.

-Aine: Está bien.

-Hei Samu: Cuando tengamos el pergamino, iremos a por el esclavista y será entonces cuando apagaremos los campos de fuerza. El Maestro Ferunandesu y yo nos enfrentaremos al esclavista, y a sus hombres, Aine se encargará de poner a salvo al hermano del Maestro Anuar.

-Yoeru: Entendido.

-Aine: Entendido.

-Hei Samu: Bien. Vayan a descansar.

Aine y Yoeru salieron de la habitación.

-Sutefanī: ¿De qué hablaron?

-Yoeru: No es de tu incumbencia.

-Aine: Hasta a las niñas tratas mal.

-Hei Samu: El Maestro Ferunandesu tiene razón, Aine.

-Aine: Bien...

-Hei Samu: Sin ofender pequeña, pero es mejor que no te inmiscuyas en estos asuntos.

-Sutefanī: Bueno... Ken'u~ei-sama.

-Hei Samu: Ustedes deberían ir a descansar, hay una cama por este pasillo. Les permito a ti y a Emera dormir en ella.

-Emera: Gracias, Ken'u~ei-sama.

Al día siguiente, por la mañana, Sutefanī se despertó al escuchar un ruido. Se levantó de la cama y vio a Hei Samu a punto de salir del refugio.

-Hei Samu: Oh, te has despertado temprano, pequeña.

-Sutefanī: N- no me llames pequeña, no soy pequeña.

-Hei Samu: Discúlpame ¿Cómo quieres que te llame?

-Sutefanī: Llámame... Sutefanī-chan.

-Hei Samu: Está bien. Sutefanī-chan ¿Quieres acompañarme?

-Sutefanī: Sí, me gustaría.

-Hei Samu: Bien, ve a vestirte. Te esperaré.

Sutefanī fue corriendo a cambiarse, al parecer estaba muy emocionada. Luego de un par de minutos salió.

-Sutefanī: Es- estoy lista.

-Hei Samu: Bien, vamos.

Hei Samu tomó de la mano a Sutefanī y la llevó fuera del refugio.

-Sutefanī: ¿A dónde iremos?

-Hei Samu: Iremos al mercado, tengo que hablar con alguien.

-Sutefanī: Bien.

Ambos caminaron hasta el mercado. Al llegar, Hei Samu fue a hablar con uno de los mercaderes y Sutefanī, aun sujetando su la mano de Hei Samu, se puso a mirar los puestos cercanos.

-Hei Samu: Gracias, aquí tienes. Sutefanī-chan es hora de-

Hei Samu vio que Sutefanī tenía toda su atención sobre una linda muñeca muy bien hecha que estaba en el puesto detrás de él. Un instante después, Sutefanī se dio cuenta de que Hei Samu la había llamado.

-Sutefanī: Discúlpeme ¿Qué fue lo que dijo?

-Hei Samu: ¿Te gusta esa muñeca?

Sutefanī se sonrojo al escuchar esa pregunta y se dio vuelta, evitando la mirada de Hei Samu.

-Sutefanī: ¿Qu- qué? No...

-Hei Samu: ¿En verdad?

-Sutefanī: Sí, en verdad. Le he dicho que ya no soy una pequeña, ya no me gustan las muñecas.

Hei Samu, sonrió y miró la muñeca. La compró y se acercó a Sutefanī.

-Hei Samu: Mira.

-Sutefanī: ¿Has comprado esa muñeca?

-Hei Samu: Sí, y es para ti.

Sutefanī, de nuevo, se dio la vuelta evitando la mirada de Hei Samu.

-Sutefanī: Le he dicho que no me gustan las muñecas, no la quiero.

-Hei Samu: Pero mira que bien hecha está, parece una persona de verdad, en miniatura.

Hei Samu se acercó más a Sutefanī y se agacho.

-Hei Samu: No quieres ser una pequeña, quieres ser grande. Admiro eso, pero puedes ser pequeña y aun así ser grande. Debes aprovechar este tiempo de niñez, porque la vida de adulto es muy dura, no tendrás tiempo para hacer las cosas que creías divertidas en tu niñez y tendrás que hacer cosas que no son divertidas. Lo digo por experiencia propia.

-Sutefanī: ¿Usted de pequeño era grande?

-Hei Samu: Sí, gracias a mi padre, fui grande de pequeño. Pero tu vida no debe ser como la mía, por lo menos, no exactamente.

Sutefanī miró sonrojada a Hei Samu y luego de unos segundos tomó la muñeca, y le dio un beso en la mejilla.

-Sutefanī: Gra- gracias, Ken'u~ei-sama.

-Hei Samu: Un placer. Vamos, tengo que ir a otro lugar.

-Sutefanī: Bien, vamos.

Hei Samu se puso de pie y comenzó a caminar, Sutefanī fue corriendo hacia él y tomó su mano. Hei Samu mostró una pequeña reacción de asombro y luego sonrió. Se fueron del mercado y se dirigieron a la iglesia de la ciudad.

Cuando estaba por entrar a la iglesia, Hei Samu sintió que alguien lo observaba, se detuvo y colocó su mano sobre su pistola. Pero no logró verlo.

-Sutefanī: ¿Qué sucede, Ken'u~ei-sama?

-Hei Samu: … Vamos, entremos.

Entraron a la iglesia y Hei Samu fue recibido por un sacerdote.

-Sacerdote: Bienvenido, Ken'u~ei-sama. Supongo que vienes a por el informe.

-Hei Samu: Claro ¿Por qué más vendría a una iglesia? No soy un hombre de religión.

-Sacerdote: Cierto es. Espera un momento, ahora iré a buscar- Qué raro verte de la mano con una niña tan adorable ¿Quién es esta pequeña?

-Hei Samu: No es una pequeña, es Sutefanī.

-Sacerdote: Oh, discúlpenme. Bueno, en un momento de traigo el informe.

-Hei Samu: Bien, esperaré.

Luego de un pequeño momento el sacerdote volvió con unos papeles.

-Sacerdote: Aquí están, Ken'u~ei-sama.

-Hei Samu: Gracias. Ten esto, para la iglesia.

-Sacerdote: Ihcot-sama y yo les estamos muy agradecidos.

-Hei Samu: Hasta luego. Sutefanī-chan, regresemos con los demás.

-Sutefanī: Sí, Ken'u~ei-sama.

Los dos llegaron al refugio al mediodía, justo cuando Aine salía para ir a por el hermano del esclavista.

-Aine: ¡Maestro Ken'u~ei! Estaba a punto de ir a-

Aine notó que Hei Samu y Sutefanī estaban tomados de la mano. Se sonrojó y luego hizo una expresión de enojo.

-Aine: ¡Por qué estás tomada de la mano del Maestro!

Sutefanī se sobresaltó por el grito de Aine, tomó el brazo de Hei Samu y le sacó la lengua a Aine. Eso no le gusto a Aine.

-Aine: ¡Suelta al Maestro pequeña-

-Hei Samu: ¡Aine! El hermano del esclavista no estará mucho tiempo sin su campo de fuerza. Ve a por él, ahora.

-Aine: Yo- es- Entendido.

Aine subió a los tejados y se fue.

-Hei Samu: Discúlpala, suele ser...

Hei Samu notó que Sutefanī aún estaba tomada de su brazo, con mucha fuerza.

-Hei Samu: Sutefanī-chan.

Sutefanī miró a Hei Samu y se dio cuenta de la situación.

-Sutefanī: Dis- discúlpeme. Yo...

-Hei Samu: Está bien. Entremos.

Al entrar, vieron a Emera y Yoeru discutiendo.

-Yoeru: Ya he dicho que no permitiré que vayas. Entiéndelo.

-Emera: Ken'u~ei-sama me ha enseñado a usar la espada que me diste. Ya no sería-

-Hei Samu: ¿Qué está sucediendo aquí?

-Yoeru: Emera quiere participar en el asalto. No debo permitirlo, posiblemente ella-

-Sutefanī: ¡Yoeru-sama deje que la señorita vaya! Ken'u~ei-sama le ha enseñado a combatir, y ha resultado ser muy buena en ello.

-Yoeru: No, ella-

-Hei Samu: Ella irá. Es una oportunidad de ver cómo reaccionará en tal situación.

-Yoeru: …

-Hei Samu: Si ella comete un error, enmiéndalo.

-Yoeru: Entendido.

-Emera: Se lo agradezco. Sutefanī-chan, Ken'u~ei-sama.

Emera se paró en frente de Yoeru.

-Emera: No voy a serle un problema, Yoeru-kun. Se lo prometo.

-Yoeru: Espero que así sea.

Yoeru se fue a otra habitación y Emera fue a hablar con Sutefanī.

-Emera: Qué hermosa muñeca, Sutefanī-chan. Está muy bien hecha.

-Sutefanī: ¿Verdad que sí? Ken'u~ei-sama la compró para mí...

Sutefanī se sonrojó y evitó la vista de Emera.

-Emera: ¿Oh? ¿Qué sucede?

Hei Samu se acercó a ellas y colocó su mano sobre el hombro de Emera.

-Hei Samu: Será mejor que vayas a prepararte para el asalto.

-Emera: Sí.

Un par de horas después, llegó Aine al refugio.

-Aine: Tengo el pergamino.

-Hei Samu: Espero que no hayas dejado testigos.

-Aine: Claro que no.

-Hei Samu: Bien hecho. Es hora de irnos.

-Sutefanī: ¿Yo también?

-Hei Samu: Es cierto...

-Sutefanī: ¡No le temo a-

-Hei Samu: Irás conmigo, pero nos quedaremos a cierta distancia del asalto.

-Sutefanī: Pero yo-

-Hei Samu: Lo sé. Pero aún no es tiempo. Te dejaré observar el asalto, eso debe ser suficiente ¿De acuerdo?

-Sutefanī: Sí... ¡Sí! Me quedaré a lado de usted.

-Hei Samu: Bien, vámonos.

Todos ellos se fueron al punto en el que asaltarían la caravana del esclavista. Hei Samu y Sutefanī se quedaron sobre un árbol, más o menos a 60 metros de distancia del punto de asalto, que daba vista a gran parte del camino en donde pasaría la caravana. Yoeru trepó por un árbol hasta una rama que estaba, más o menos, 3 metros sobre el camino. Y, Emera y Aine se escondieron en unos arbustos cerca del camino.

Luego de un momento, la caravana apareció. Yoeru, Emera y Aine se prepararon. Cuando la caravana se acercó a ellos, Hai Samu activó el pergamino. Yoeru saltó de la rama y asesinó a los guardias que portaban mosquetes. Emera y Aine salieron de los arbustos, asesinaron a los guardias que estaban protegiendo la carreta del esclavista.

Yoeru seguía combatiendo contra los guardias de las otras carretas. Emera abrió la puerta de la carreta en donde estaba el esclavista, al hacerlo vio a un guardia dentro con el esclavista, golpeó a Emera, salió de la carreta y la cerró.

-Guardia: No dejaré que le toquen un pelo a mi señor.

-Aine: ¿Cómo te atreves a golpear a una mujer? ¡Eres un mald-

El guardia derribó de un golpe a Aine.

-Guardia: Ja ¡Maldita basura!

Emera se levantó y tomó su espada. Cortó el estómago del guardia y lo golpeó en el rostro, derribándolo. Se acercó a él para asesinarlo, pero se detuvo cuando lo escuchó hablar.

-Guardia: ¡Por favor! ¡No me mates! ¡Tengo una hija! ¡Muy pequeña!

Emera enfundó su espada y lo dejó. El guardia se levantó y desenfundó su pistola.

-Guardia: Ja. Niña estúpida.

Justo en ese momento, el guardia recibió un disparo en la cabeza. Emera voltio y vio caer al guardia, miró a donde debió haber venido el disparo, y era justo en el árbol en donde estaba Hei Samu. Él fue quien disparó al guardia.

-Aine: ¿Emera, estás bien?

-Emera: Sí, lo estoy.

-Aine: Qué alivio. Iré a buscar al hermano del Maestro Anuar. El Maestro Ferunandesu aún está combatiendo con los demás guardias, tú tendrás que asesinar al esclavista.

-Emera: Bi- bien.

Emera se acercó a la carreta del esclavista, muy nerviosa abrió la puerta.

-Esclavista: ¡Quieta ahí! Vaya. Vaya. Me pagaran mucho por una elfa como tú, aunque podría divertirme contigo antes de venderte. Vamos, arroja tus armas al suelo.

El esclavista estaba armado con una pistola cuando Emera abrió la puerta de la carreta.

Emera estaba por arrojar sus armas, cuando de repente.

-Yoeru: Repite lo que dijiste. Atrévete.

Yoeru apareció de la nada detrás del esclavista. Lo amenazó picando la espalda del esclavista con el arma que utilizó anteriormente.

-Esclavista: Yo- yo- no quería-

De la boca del esclavista comenzó a salir sangre y se desplomó en el suelo.

-Yoeru: Vámonos. Aine debería tener al hermano de Maestro Anuar.

-Emera: Sí... Vámonos.

Regresaron al refugio de Hei Samu con el hermano de Anuar. Hei Samu los esperaba allí junto a Sutefanī.

-Hei Samu: Es un placer, Ahiezer-sama.

-Ahiezer: ¿Quién es usted?

-Hei Samu: Soy un aliado de tu hermano, Anuar.

-Ahiezer: ¿Lo dices en serio?

-Hei Samu: Sí. Él me ha pedido que te rescatará. Necesita tu ayuda, él está luchando para que su raza no viva más con la esclavitud.

-Ahiezer: Pues claro que lo ayudaré, es mi hermano. Y con más gusto, que ahora sé que será para liberar a mi raza.

-Hei Samu: Muy bien.

 
 
 

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